Chapter 01: El comienzo

La nave Gumi se estrelló, y cuando Sora despertó no había ni rastro de Goofy, de Donald ni de Riku. Se levantó preocupado, le dolía todo el cuerpo. Miró a ambos lados, no había ni rastro de ninguna ciudad, de hecho estaba rodeado por un frondoso bosque, un bosque como nunca había visto. Era espeso, oscuro, misterioso; tan solo se iluminaba por algunas clarianas que dejaban entrar pequeños rayos de luz. Cerró los ojos, le había parecido escuchar algo. Junto a una ligera brisa pudo escuchar unos dulces susurros ininteligibles que parecían abrazar su alma para arrullarla con ternura cantándole una cariñosa nana sin fin que lo llenaba de una inmensa sensación de paz... Pero no había tiempo que perder.

Abrió los ojos y se adentró en el bosque en busca de sus amigos, no sabía que se podía encontrar allí, pero no tenía miedo; aquella acogedora brisa que flotaba en la atmósfera como un dulce susurro impedía que ningún temor entrase en su corazón. Aquel parecía ser el lugar más puro jamás encontrado. Todo: las mariposas revoloteando, el canto de los pájaros, el susurro del viento entre los árboles... Absolutamente todo le invitaba a quedarse en aquel mágico lugar para toda la eternidad. Sentía necesidad de ponerse bajo la sombra de un árbol a dormir, de bañarse en alguno de los ríos de ese bosque, en correr libre junto una manada de lobos o bailar al son del canto de los pájaros.
Todo allí era pura magia, aquel lugar le hacía sentir cosas que en ningún otro lugar habría sentido. Apenas hacía unos minutos que estaba allí y ya se sentía parte del bosque.

<<>—¿Estás segura de que no quieres subir al caballo?— preguntó la guerrera a aquella elfa llamada Ariasu.

—No, estoy bien. Me basta con haber vuelto a mi hogar— le respondió con una sonrisa, luego miró al frente de nuevo. —¿Sabes?, tengo ganas de volver a mi pueblo para ver que tal va la reconstrucción— canturreó después. —¿Habrán vuelto ya mis padres con mi hermana? ¿Los faunos habrán recobrado el sentido común? ¿Estará bien Spirit? ¿Estarán todos bie...— no pudo terminar su ametralleo de preguntas porque a la guerrera algo le llamó terriblemente la atención e hizo cabalgar repentinamente su caballo hasta el lago que había a pocos metros de ellas, bajó de un salto de su caballo y corrió a la orilla donde se encontraba un joven de plateados cabellos, inconsciente.

Sigurn se arrodilló a su lado y le levantó cuidadosamente para colocar su cabeza sobre sus piernas para que estuviese mas cómodo y poder atender mejor sus heridas que se extendían por todo su cuerpo. Ariasu llegó pocos momentos después, situándose al lado de Sigurn.

—¿Quién es?— preguntó la elfa sin apartar los ojos del joven que era bastante alto. Tenía el cabello más o menos igual de largo que la muchacha y también le caían plateados y salvajes sobre hombros y frente, su piel era pálida, vestía un chaleco blanco sobre una camiseta negra y sus pantalones eran azules y bastante anchos. Vestía de una forma bastante extraña según ambas damas.

—No lo sé— respondió Sigurn que tampoco dejaba de mirarlo. —Busca en uno de los saquillos de Sleypnir y coge un cubo que hay, llénalo del agua del lago y tráemelo, luego coge de sus saquillos unas vendas— le mandó la guerrera.

—¿Y por qué no vas tú?— le refunfuño Ariasu pues le daba pereza moverse.

—¡Pues por que por si no lo has visto tengo a este tipo encima!— le gruñó la guerrera. Ariasu obedeció y le llevó lo pedido.

—Aquí tienes, pero podrías haberlo apartado e ir tú a por todo— le soltó de mala gana.

—En su estado es mejor no moverlo demasiado— concluyó la dama de cabellos de ébano y fuego limpiándole las heridas cuidadosamente al joven para luego mirar a Ariasu. —Ayúdame a levantarlo— le pidió a la elfa. Ésta obedeció y entre las dos le incorporaron apoyándolo en un árbol. La elfa se fijó en que su compañera había quedado con la falda de la armadura llena de sangre, la guerrera se dio cuenta de ello. —Ya te dije que en su estado era mejor no moverlo— comentó mientras le envendaba la cabeza al joven.

—Pues sí que se ha golpeado fuerte...— dejó escapar Ariasu mientras la guerrera volvía a acomodar al inconsciente muchacho en su falda.

—Debe de haber caído desde una gran altura.

—¿Pero cómo? Si aquí no hay árboles ni acantilados de los que caer...

—Vete tú a saber—
finalizó Sigurn encogiéndose de hombros.

—¿Qué vamos a hacer con él?— preguntó la de ojos ambarinos.

—Esperaremos a que despierte y lo llevaremos al pueblo más cercano.

—Entonces... ¿Nos quedamos aquí hasta mañana?

—Obviamente, sí—
después de aquella afirmación, Ariasu gateó hasta situarse al lado de Sigurn y del joven al que miró con curiosidad.

—¿Y si para mañana no ha despertado?

—Pues tendremos que llevarlo con nosotros hasta encontrar un buen médico que pueda curarlo—
le explicó la guerrera. Acto seguido la elfa miró curiosa a Sigurn, luego al joven, después de nuevo a Sigurn, al muchacho y así un rato hasta que divertida soltó una risita. —¿Qué?— soltó antipáticamente la guerrera que comenzaba a irritarse.

—Nada, solo que no me imaginaba nunca verte así...— comentó divertida ante la situación en la que se encontraba su amiga.

—¿Así cómo?— refunfuñó, sabiendo que su compañera acabaría insinuándole algo seguramente pasteloso.

—Tan preocupada con un joven dormido en tu falda... Se te ve muy femenina— bromeó con voz melosa.

—¡Deja de insinuar cosas extrañas, maldita rata de árbol!— le gritó irritada. Odiaba que aquella elfa dejase volar su lado romántico.

—No, ¡si me parece muy tierno!— ante aquello, la guerrera frunció el ceño y la miró hastiada como si Ariasu de un trol perturbado se tratase.

—¡¿Te parece tierno que tenga un joven ensangrentado a punto de morir sobre mi falda?!— exclamó algo escandalizada por la idea de que aquello le pareciese tierno. Al final resultaría que Ariasu estaba peor de la cabeza que ella.

—No, no me refería a eso, mujer...— se excusó la elfa algo frustrada.

—¿Entonces a qué diablos te referías?— preguntó la guerrera dirigiéndole una inquisitiva mirada que la maga sintió como si se clavase en ella aguda y punzantemente varios segundos.

—Pues al hecho de verte preocupada, con un joven dormido apaciblemente sobre tu falda. Parece una escena sacada de un cuento de los que se cuentan en las ferias— explicó Ariasu. La guerrera la miró aún peor.

—Ariasu... Este chico no está apaciblemente dormido, está inconsciente, ensangrentado y medio muerto... Además, no estoy preocupada, es que desde hace más de media hora se me están durmiendo las piernas y por si fuera poco se me está clavando una piedra en el trasero y con este tipo encima no me puedo mover— rectificó a la elfa. Ésta suspiró; si es que Sigurn era una basta guerrera en todos los sentidos...

Comenzó a anochecer y en vista de que Sigurn no podía moverse, Ariasu fue de caza. Pasadas algunas horas el joven que estaba inconsciente se removió y dejó escapar un leve gemido de dolor, después abrió lentamente los ojos. Para su sorpresa se encontraba apoyado en la blanda falda de una chica, una chica que se había quedado dormida apoyada en un árbol que tenía detrás, alzó la mirada para verla mejor, era una chica preciosa y su cabello era de un color que jamás había visto en nadie, pero lo más peculiar es que la muchacha vestía una armadura. Miró a los lados y vio un enorme caballo negro atado a un tronco, pensó que aprovechando que la chica dormía podía utilizarlo para ir en busca de sus amigos, pero cuando iba a ponerse de camino hacia el caballo...

—Ni se te ocurra— la voz de la joven le hizo frenar, además de que notaba un tacto frío y metálico sobre la nuca.

—Oh, vamos, no serás capaz de hacerlo...— dejó escapar el joven subestimando a la guerrera por ser mujer.

—¿No? Qué te juegas...— dijo lentamente apretando el frío acero de su espada sobre la nuca del joven hasta que le hizo un leve pero doloroso corte.

—¡Vale, vale! Está bien, sí que serás capaz...— rectificó al sentir que la joven no contenta con haberle hecho el corte apretaba cada vez más, haciendo que su corte sangrase y doliese más... Y es que cuando alguien te apunta con el filo de una espada más vale no tentar la suerte y eso bien lo sabía hasta el más necio.

—Date la vuelta, un solo movimiento en falso y te decapito como a un cerdo en día de matanza— amenazó la guerrera. El de cabellos plateados obedeció sin pensárselo dos veces, estaba en completa desventaja.

Cuando se volteó, el muchacho no pudo evitar fijar la mirada en los bellos ojos de la guerrera, eran de un color claro, ni miel, amarillos ni dorados. No eran de un color tan oscuro como la miel, eran muy claros aun que tampoco eran amarillos y tenían cierta tonalidad dorada pero llegaban a serlos. Eran unos ojos profundos que le miraban con furia, realmente eran los más hermosos que jamás había contemplado, pero no pudo aguantarle la mirada, su mirada resultaba ser aterradora aun viniendo de unos ojos tan bellos que le habían dejado paralizado.

—¿Y bien?— rompió el silencio la guerrera sin dejar de apuntarle con el filo de su espada. El chico sobresaltado alzó la mirada. —¿Vas a comportarte o tengo que romperte las piernas?— le preguntó amenazadoramente.

—¡Sigurn!— le gritó Ariasu. —¡Esa no es forma de hablarle a un desconocido! Además, acaba de despertarse, ¡no lo mates tú ahora de un susto!— le regañó la elfa.

—Esta sucia rata de árbol pretendía robarme el caballo— se excusó sin dejar de mirar con odio al joven amenazándolo aún con decapitarlo.

—¿¡Qué?!— exclamó la elfa. —¡Oye, chico!— comenzó a la vez que avanzaba hacia él con el dedo índice levantado como signo de regañamiento. —¡Esa no es forma de pagarle la amabilidad a la persona que te ha salvado y que ha estado cuidando de tí!— le reprochó muy disgustada.

—¿Qué?— exclamó el joven de cabellos plateados aún más confuso.

—Sí señorito, aquí donde la ves, Sigurn te encontró y curó todas tus heridas y no se ha apartado ni un momento de tí, ni siquiera cuando te subió la fiebre y comenzaste a delirar— siguió riñéndole Ariasu.

—Ariasu, ya vale...— advirtió Sigurn comenzándose a irritar de nuevo.

—¿Ella hizo eso?— preguntó más perdido a cada nueva información procesada.

—Y no solo eso, aun que no lo parezca, Sigurn, aquí donde la ves, es una joven adorable y muy...

—Ariasu, ¡he dicho que te calles!—
acabó explotando Sigurn. El muchacho soltó un silbido y se encogió de hombros.

—Sí, ya veo, es realmente adorable...— la guerrera siguió apuntándole con la espada.

—Y en cuanto a tí, por tu bien ya puedes estar explicándome quién eres y para qué demonios querías mi caballo antes de que te corte las manos por ladrón— el joven miró a la elfa.

—Hazle caso, habla en serio...— le reafirmó ella asintiendo en modo de advertencia.

—Me llamo Riku y solo quería tu caballo para poder ir a buscar a mis amigos— se explicó el chico.
—Si era solo eso, ¡haberlo dicho!— exclamó la elfa. —¿Eso es todo?— preguntó amenazadoramente la guerrera.

—Sí, y, ¿te importaría bajar ya la espada?— pidió Riku con nerviosismo, y es que como a toda persona en sus cabales le apabullaba un poco que una sanguinaria guerrera le apuntase con una espada.

—Está bien, pero una sola tontería y serás hombre muerto— amenazó por última vez. Luego ésta obedeció para luego mirar a la elfa.

—Ariasu, ¿has encontrado algo para cenar?— le preguntó a su compañera.

—Sip. He encontrado este pato enorme paseando por el bosque— comentó la elfa tirando de un cordel al que llevaba atado a un enorme pato que llevaba una varita mágica y un sombrero. Lo tenía atado con unas enredaderas que había invocado mediante un conjuro. —En alguno de los saquillos de Sleypnir aún quedaban naranjas, ¿verdad?— preguntó alegremente, la guerrera se encogió de hombros y envainó su espada.

—Sí, creo que sí. Iré a mirar— concluyó la guerrera dirigiéndose al caballo. Al ver a aquel pato, Riku fue a detener a la guerrera poniéndole una mano en el hombro. Ésta le miró por encima del hombro con superioridad.

—¡Esperad! ¡No podéis coméroslo!— le ordenó el joven. La chica le miró hastiada.

1 delirios:

  • Me encanta la descripción que se hace del principio, del bosque. ^^

    Se ven las opiniones contrastadas de ambas amigas, una más sonñadora y la otra con los pies más en el suelo. Supongo que también se debe a que Ariasu ha estado viviendo siempre en un lugar encantador y Sigurn siempre ha estado luchando para mantenerse con vida.

    Ya me iré leyendo el fan fic aquí, que me es más cómodo, ¿ok?

    sara_al_kuadrat