¿Verdad que está bueno?

Le trajo el morado postre un delicado chef con su gorrito de encaje especial para la feria de degustación del evento Saturnism. Lo colocó suavemente enfrente de Swindler el cual posó su mano encima del tenedor especial para tartas y lo agarró. Cortó un trocito de pastel morado y se lo metió en la boca.

Análisis:
1) El contraste de las moras con la pasta de frambuesas combinaba muy bien y sabía delicioso.
2) El color era uniforme y bonito para la vista.
3) Se le dormía la lengua.
4) Le dolía la tripa después de haberlo digerdo.
5) Se le quemaban las entrañas.
6) Veneno.

Cayó de espaldas y antes de ver desaparecer al chef que le había traído el mortal pastelito morado, vio que sonreía. Gritó, pues le ardía todo. Sentía com osi algún producto químico le atravesara la espalda, dejando un agujero impoluto y dejando caer sangre y órganos.
Se derritió el suelo, y cayó al primer piso.

Las damas se taparon el rostro y chillaron. Los caballeros gritaron y fueron al primer piso para admirar al hombre que yacía muerto en el suelo con veneno corrosivo aún dañando el suelo de aquel piso.

Uno de ellos, llamado Beasta, recordó a chef pelinegro que le había entregado el pastel de moras a Swindler. Fue él solo a la cocina, buscando al chef. Pero no había absolutamente nadie. Se maldijo ya que lo que el chef habría hecho es escaparse nada más haberle entregado el engañoso pastel morado.

De inmediato se canceló el evento, y Beasta fue perseguido por el grupo del que pertenecía el chef (habían puesto una cámara de vigilancia en el evento para saber si alquien que sospechara de algo, eliminarlo). Capturaron a su familia y la mataron. Claro, Beasta solo supo que estaban capturados, y no que ya habían muerto. Se entegó y le torturaron de la forma más vil.

Le desgarraron la piel al pobre Beasta, teniendo que soportar el dolor viendo directamente solo por haberse metido donde no le llamaban.

Mientras le iban pinchando los dedos y atravesándolos con una estaca (Beasta estaba atado al suelo con cadenas a unas barras de acero en un cuchitril) de madera llena de pequeñas estaquitas haciendo que doliera aún más, vio como dos de los compinches chutaban, como jugando a fútbol, las pequeñas cabezas envoltadas en cabello sucio y enmarañado por la sala.
El que le clavaba las estacas volteó, y dijo:

-¿Qué? ¿Son más atractivos tus familiares cuando se les usa de balón?- con regodeo sonrió, y con más malicia aún le clavó la sangrada estaca en medio de la frente.

Agudizó los sentidos, y abrió los ojos. Estaba en el suelo del evento, al lado del cuerpo corroído por el veneno y varias personas que, al desmayarse, habían acudido a socorrerle.