El Cantar de los arboles


Adentrándose cada vez mas en los bosques de Cosmos, Ariasu, la elfa aprendiz de maga, tarareaba una canción de regreso al hogar después de un duro día de estudio en la torre de alta hechiceria.
Aquella tarde, bosque estaba mas calmado que nunca, por mucho que iba por los secretos caminos que tan solo los elfos silvanos sabían encontrar. Ese día no se había topado con nadie de su pequeña tribu. Ariasu se tumbo bajo la sombra de un árbol para disfrutar del canto de los pájaros y la dulce brisa tardía de aquella tarde, alli tumbada a los pies de aquel milenario pino, uno de los mas ancianos del bosque, la elfa no apartaba la mirada del cielo, pensando en que si entendiese el cantar de los árboles al viento, la de cosas que le explicaría aquel sabio pino, pero todavía no dominaba el dificultoso conjuro de empatia vegetal, lo había probado varias veces desde que estudiaba magia, todas sin éxito.

Y es que aunque bastante buena seguía siendo una principiante. En aquel pequeño y remoto lugar de su amado bosque Ariasu comenzaba a rendirse al placer de echar una buena siesta, y lentamente y sin darse cuenta fue cerrando los ojos hasta que callo en un profundo sueño...

El bosque estaba en completa paz, los pájaros entonaban sus cantos al sol del atardecer acompañados por la melodía del viento formando pequeñas corrientes de aire junto al cantar de los árboles entregando sus hojas a la suave brisa, llevando el aroma de las flores a las abejas que volaban atraídas y recogían el polen de estas, mientras bellas y delicadas mariposas de diversos colores danzaban alrededor de la durmiente elfa. Varias horas pasaron hasta que Ariasu despertó de su sueño, se froto los ojos y desperezándose se levantó y escucho el cantar de los árboles de nuevo
-~Arborea converth- susurro y luego presto mucha atención a la voz del bosque, se concentro tanto como pudo, pero seguía sin comprender aquello que Cosmos le susurraba al oído a través de la brisa, algo decepcionada suspiro, se encogió de hombros y dirigió una ultima mirada a aquel majestuoso pino milenario, algo triste emprendió de nuevo su camino a la aldea. Era una lastima, como elfa silvana quería llegar a comprender lo que los espíritus del bosque querían comunicarle, pero aun no estaba preparada, aun así sabia que algún día podría llevar acabo aquel conjuro con éxito y escuchar las voces que tanto deseaba comprender. Al menos ese día había podido aprender un nuevo conjuro. Se detuvo delante de un árbol, lo miro durante unos instantes, alzo los brazos en dirección de este
-~Frida-musito y pudo contemplar como poco a poco de las raíces de aquel árbol se iba extendiendo cristales de hielo hasta congelarlo al fin, Ariasu sonrió satisfecha al ver que su hechizo funcionaba, se acerco mas al árbol y poso una mano sobre el para descongelarlo, una vez echo, acaricio suavemente la corteza de la planta-Lo siento, solo quería probar mi conjuro-se disculpo la joven, después se dio la vuelta y se encamino a su casa mientras el los espíritus del bosque seguían entonando su dulce cantar. Ariasu sonrió convencida de que algún día por fin podría escuchar aquellas tan anheladas palabras de Cosmos, y ese día podría decir con orgullo que al fin había conseguido ser una gran maga digna de su pueblo