El comienzo de una maldicion

No pensaba perdonarle lo que le había echo a la chica, pero ya no podía mas, estaba derrotado, ensangrentado callo al suelo moribundo por la perdida de sangre, apenas podía siquiera respirar, se puso la mano en el costado al sentir un punzante dolor, notó como el liquido se le escapaba a través de la herida luego miró su mano completamente empapada con su sangre, mientras no dejaba de sentir como su vida escapaba a cada segundo por cada una de sus heridas, tiñendo toda la árida llanura de rojo.


Intentaba levantarse pero el dolor y su pésimo estado se lo impedían, entonces llegó el a finalizar su trabajo, un ángel de cabellos negro azabache con el largo flequillo plateado como la luna que caía sobre su piel que lucia un color espectral, mortecino, cadavérico, sus ropas eran negras y tanto sus prendas, como su carne como sus elegantes alas del color del ébano estaban ensangrentadas de la sangre de su rival que ahora yacía moribundo en el suelo, Hambar agarraba fuertemente su espada esperando las ultimas palabras de su hermano, este lo miro desesperado aun así no pensaba que su gemelo diese el paso final o eso deseaba, mientras contemplaba impotente la mirada inexpresiva y ausente que este le dirigía
-Pienso arrancarte todo aquello que amas.-le dijo al fin con una voz que parecía surgir de lo mas profundo de los avernos, el ángel que estaba en el suelo impotente lo miraba
-¿¡Hambar pero por que?!-le pido una respuesta, casi se la imploró
-por que te odio.-le respondió fríamente, poniendo la espada a la altura del cuello de su gemelo, este alzo un poco la cabeza presintiendo que llegaba el final
-Hambar, tu y yo formamos parte de un todo, uno sin el otro no puede existir-le recordó, el oscuro ángel sonrió macabramente y apretó un poco la espada haciendo que del cuello de su gemelo comenzase a brotar un pequeño hilo de sangre que se deslizaba por su piel hasta ser absorbido por sus ya muy manchadas y rasgadas ropas, su gemelo lo miro implorante
-Te are sufrir lo mismo que e sufrido yo, te are desear la muerte hasta el punto en que enloquezcas a causa del dolor acumulado.-le dijo con todo el resentimiento que se podía tener a la par que apretaba cada vez mas la espada al cuello de su agonizante gemelo, haciendo que el fino hilo que anteriormente había echo brotar se transformase en un chorro que descendía sin cesar debilitando cada vez mas al antes esplendoroso y bondadoso ángel acortando su vida por dolorosos segundos que se tornaban eternidades
-Hambar yo nunca te haría daño-le confeso con sinceridad mirándole a los ojos, Hambar borro aquella sonrisa de su cara y la cambio por una expresión seria y dejo de apretar su espada contra el cuello de Hember, mirándolo fijamente durante unos segundos que se hicieron eternos
-Pero yo no soy tu.-concluyo gélidamente Hambar justo antes de arrancarle el corazón del pecho a su gemelo, haciendo gemir a este de dolor, para luego pisarlo mientras agonizaba en el suelo, salpicado con la sangre de su hermano sonreía ahora de forma macabra, bajo el oscuro cielo nublado que amenazaba con tormenta, Hambar no borraba ni un solo instante aquella cruel sonrisa mientras contemplaba disfrutando cada segundo que veía a su hermano agonizando entre espasmos al sentir que el frió de la muerte le invadía ya sin remedio mientras su gemelo apretaba el aun palpitante corazón de Hember entre sus manos, disfrutando de su agonía hasta el mismo segundo que este murió, privado de su corazón Hember renacería condenado a vagar toda la eternidad sintiendo como su frió cuerpo se descomponía y con el tiempo era inevitablemente devorado por los gusanos lentamente, sintiendo el dolor de cada supurante pústula, de cada tejido cangrenado, de cada gusano que mordisquease una parte de el, de cada pedazo de carne que se desprendiera de su putrefacto cuerpo, sin ninguna función vital en movimiento sentiría una sed y un hambre que de ninguna de las maneras podría calmar, enloquecido por el dolor y maldito por una vida de sufrimiento que de ningún modo podía terminar, estaba condenado a sufrir el mismo destino de su hermano gemelo durante toda la eternidad.