La salvación tiene identidad


En una de las calles más transitadas por la noche de esta ciudad, se encontraba una belleza con luz propia brillando entre el resto de la gente. A pesar de que era un lugar variopinto, en el fondo todo tenía un color apagado. La gente solo sonreía por dinero, era amable y simpático por conveniencia, las apariencias eran lo esencial y el único requisito para sobrevivir por las noches... Aquella mujer vestida de rojo destacaba por su confianza, su estilo al caminar, su mirada de superioridad natural, expresando en su totalidad la verdadera personalidad humana, una personalidad dominante en la que todo vale con tal de que el resto de la humanidad esté ante tus pies.
Se dirigió con paso firme a el local más lúgubre y poco luminado que había en aquél lugar. Logró acaparar las miradas de todos los clientes sin quererlo, pero tampoco evitándolo. Se acercó al barman, que era el dueño del local, y le preguntó si podía cantar en el pequeño tablón de medio metro que tenían por escenario en el local. Cuando el dueño afirmó con la cabeza un poco nervioso por el repentino acercamiento de la joven, ésta hizo una seña con la mano dirigiéndose a la oscura salida. En seguida entraron otros dos jóvenes llevando con poca dificultad dos grandes amplificadores y unas cajas con mil y un botoncitos. La bella mujer salió y volvió a entrar, pero esta vez con un micrófono retro. El equipo de sonido se posicionó sentado en uno de los lados, haciendo que comenzase la canción. Meiko, que era el nombre de la poderosa mujer, se puso en medio del escenario, posicionando a la vez el micrófono que traía consigo. Una voz distorsionada comenzó a hablar al ritmo de la música, hasta que Meiko agarró con fuerza el micrófono, separó sus rojizos labios para abrir la boca y dejó que su embriagadora voz recorriera todo el local y fuera de la calle. Su voz era robótica, pero casi no se notaba, o nadie lo quería notar. Era el tono de voz perfecto, ni muy agudo ni muy grave, era un intermedio que tranquilizaba el ambiente, quitando esa negrura superficial que todos llevaban encima. Poco a poco iba entrando más gente asombrada por la voz de aquella mujer. Su mirada oscura se fijaba en cada cliente que iba entrando en el local. Llegó un punto en el que ya nadie cabía ahí. Entonces Meiko se bajó del tablón de un salto, llevándose con ella el micrófono, seguida de los dos jóvenes que formaban el equipo de sonido. Salieron afuera, posicionándose en medio de la mismísima calle. Colocaron los altavoces de manera que se pudiera oír por todo el barrio. La bella mujer siguió cantando, sin tener ninguna expresión en la cara por el momento. La gente se volvió a agrupar como si fuera un importante concierto. Todos tenían los ojos cerrados, disftutaban de la canción y la liberación de la oscuridad que los rodeaba. El color volvió en cada persona, haciéndolos especiales de nuevo, como lo eran de pequeños. Acabó la canción. Solo entonces abrieron los ojos...
Pero no había nadie cantando. Todos estaban agrupados, haciendo un círculo en la nada. Todos los que eran amigos, compañeros o conocidos volvieron a agruparse tal y como estaban antes. Nadie era simpático ni amable porque sí. Todos mostraban su faceta más natural, eran felices bebiendo y caminando con las personas que le simportaban, y lo más importante era que se sentían queridos por sus amigos sin importar cómo eran.
Una voz robótica de mujer acompañó a la ligera brisa de primavera por unos segundos, asegurándose que la humanidad volvía a ser feliz.


La salvación es una mujer vestida de rojo de mirada oscura, cabello castaño, confianda en sí misma y con voz apaciguadoramente robótica. Aparece cuando la humanidad está acabando de destruirse por sí sola. 

Pero eso nadie lo sabrá.