
Categoría: J-Rockers + Original
Personajes: Teru, Reita (the GazettE)
Clasificación: +18
Advertencias: Lemon
Capítulos: One-shot
Resumen: Desde hace años no siente ninguna emoción en la vida. Un rubio bajista le
va a hacer cambiar de opinión.
Movían todo el cuerpo desde debajo del escenario, disfrutando de la escéptica música que osaban demostrar aquel grupo principiante. El cantante se movía por el escenario de un lado para otro, tocándose el cuello y lamiéndose los dedos, frotándose contra algún altavoz y dando la mejor voz que tenía dentro de sí. El resto de miembros del grupo gritaban a moro de coro, dándole un toque espléndido a la canción. El baterista golpeba con emoción, los guitarristas se movían de manera sensual en su sitio mientras en algunas ocasiones aprovechaban para lamer la guitarra después de un riff, y el bajista era el único con los ojos cerrados, sintiendo cada nota, moviendo la cabeza hacia arriba y abajo. Mientras tanto, todos sus fans cantaban en silencio una de las canciones, otros lloraban de la emoción, y otros solo se fijaban en la estética del grupo. Uno de aquellos fans disfrutaba enormemente de aquel concierto.
Una amiga suya le había convenido para ir con ella, aunque al principio de ninguna de las maneras tenía pensado ir. Había venido desde un país muy lejano de vacaciones, alojándose en un hotel normal y corriente. Siempre venía por las mañanas su amiga a hacerle de guía por alguna ciudad diferente.
La música dejó de sonar para dar paso a la siguiente canción. Era la última antes de que acabara el concierto. Teru estaba en una de las primeras filas disfrutando como un chiquillo en un cuerpo de adulto. A sus 24 años no se imaginaba que hubiera algo que le levantara el ánimo, pero ese viaje lo cambió todo. Siguió mirando hacia el frente. Se fijó en el bajista. Estuvo toda la canción mirándole. Acabó el concierto. Todos los miembros del grupo se reunieron para la despedida final. Se abrazaron y antes de irse caminando se quedaron saludando al público. Reita, el bajista, fue el último en salir, porque se entretuvo unos segundos, mientras Teru le miraba, para guiñarle sensualmente un ojo.
Teru salió de allí sin la compañía de su amiga, ya que la había perdido en una de las canciones. Su corazón le latía con fuerza y estaba sonrojado. El rubio se había fijado en alguien como él. Era obvio que era uno de los pocos extranjeros que estaban allí, pero solo y únicamente a él le había prestado atención. Se quedó observando como todos los fans se iban camino a las paradas de tren o a sus casas. Esperó hasta que Ariasu saliera de allí para encontrarse con ella.
Ése día su amiga llevaba las ondas en el pelo que él le había enseñado a hacerse. Le quedaban muy bien, ya que el contraste del cabello negro con el mechón rojo y sus vestimentas más bien dejadizas y oscuras hacían que fuera aún más bella. Le tenía mucho respeto, pero se le iba en cuanto ella le abrazaba por el hombro y le trataba como uno más.
Los dos se fueron por el camino más oscuro hacia casa de Teru, comentando lo fantástico que había sido el concierto.
—Te dije que era un buen grupo —Ariasu comenzaba con sus largos discursos.
—Sí, no te lo niego —dijo rápidamente. Si le llevaba la contraria sabe Dios si le tendría hasta las 5 de la mañana en vela haciéndole una especie de rehabilitación—. No hace falta que hoy me acompañes hasta casa. Es muy tarde y seguro que estás cansada —siguió cambiando de tema rascándose la cabeza.
—Qué va, si aún es muy... —encendió la luz azul de su reloj digital— ¡tarde! ¡Es muy tarde! Yamano me mataaa... —se fue de allí corriendo, despidiéndose de Teru a lo lejos.
—Uf, menos mal... —retomó el camino pero esta vez por una calle más iluminada. Se puso a caminar mirando hacia el cielo, donde podía ver más cables que estrellas. Siguió observando hasta que se tropezó con alguien—. ¡Lo-lo siento! No estaba mirando por dónde iba... —miró a la cara de la víctima del choque. Era ese bajista, sonriéndole perversamente. El rubio se acercó al moreno.
—No te preocupes forastero, la culpa ha sido mía —su sonrisa cambió a una amable y le tendió la mano, ya que el moreno había perdido el equilibrio al chocarse con Reita.
—Gracias... —se sonrojó al notar la fuerte mano que le ayudaba a levantarse del frío suelo.
—¿Podría invitarte a una copa para que me perdones? —Reita le ofrecía una suculenta trampa. Teru se sonrojó aún más.
—N-no es necesario...
—Oh, por favor, sino no me sentiré bien conmigo mismo —el moreno no tuvo otro remedio que asentir a la oferta.
Reita condujo al moreno hasta un coche negro aparcado al final de la calle. Los dos se montaron y se dirigieron a casa del rubio. Llegaron al párking y subieron por el ascensor cargados de equipo de sonido y varios bajos eléctricos hasta el tercer piso. No eran unos apartamentos de lujo, más bien la decoración tanto del piso como de los pasillos exteriores era un poco penosa.
—Gracias por ayudarme con todo esto tan pesado, forastero —Reita parecía acostumbrado a llevar tanto peso, así que lo más grande lo llevaba él. Se le notaban los músculos por la fuerza que tenía que usar para sujetar tales piezas.
—No es nada, faltaría más —dejaron las cosas en una habitación pequeña donde habían varios altavoces y un ropero. Luego se fueron al salón. El rubio sacó dos copas y una rara mezcla de color transparente—. ¿Qué es eso? —preguntó extrañado.
—Es sake. Es una bebida alcoholica típica de Japón —vertió el sake en las bellas copas y se fue acercando al moreno. Éste se sentó en el sofá, que a pesar de su aspecto, era muy cómodo. Reita se sentó al lado y le ofreció una de las copas. Ambos brindaron por ellos y bebieron de las copas.
—Está muy bueno... —el rubio se rió. Se arrimó más a Teru.
—¿Quieres más...? —bebieron varias copas más, las justas para dejar al moreno sonrojado y bastante borracho.
Reita le iba dando conversación acerca del país natal de Teru, de sus hobbies, de sus amigos, de lo que le gustaba hacer, de su orientación sexual... Hasta que llegado el último tema Teru se abalanzó hacia el rubio incitándole a besarle intensamente, como dos fieras con mucha hambre. Reita, al finalizar el beso sonrió.
—Teru, eres irresistible...
—Lo sé, por eso me has traído aquí...
Teru comenzó a quitarse su corbata negra sensualmente, sentado en el regazo de su acompañante. Reita se iba excitando y se le iba notando el bulto en la entrepierna. No pudo resistir mucho más viéndolo desnudarse, así que colaboró quitándole la chaqueta y la camisa del mismo color oscuro que la corbata, acariciándole el torso y lamiéndole el cuello. Le mordisqueó la oreja, y se puso a susurrarle:
—Me gustas... mucho... —el moreno se excitó con aquellas palabras. Volvió a besarle, dejándole debajo suya. Le abrió la bragueta de los pantalones, pasó la mano por debajo del bóxer y comenzó a masajearle el pene lentamente, mientras se relamía la boca, mirándole con deseo.
—Unn... Umgh...
El menor disfrutaba cada caricia que le brindaba el rubio, sintiendo en cada poro de su piel el éxtasis de placer que creyó que nunca más iba a recuperar por mucho que se esforzase. Cada vez estaba más embriagado por el alcohol y el perfume de Reita, mientras sus profundos ojos penetraban en los suyos. Cada segundo le parecía un eterno paraíso.
Teru apartó la mano de Reita para lamer tres dedos, lentamente, observando su reacción. El rubio sonreía mientras miraba esa suculenta boca que le había cautivado hacía solo unas escasas horas. Cuando la lujuria no podía alcanzar más su punto máximo, Reita apartó su mano violentamente, para poder comenzar a desvestirse. Pero se detuvo.
—Quítamelo todo —le ordenó.
El moreno se agachó hacia delante, ya que él hacía bastante rato que no llevaba nada puesto y ansiaba ver cómo era el cuerpo de aquél sensual japonés.
Una vez agachado, le comenzó a quitar la camiseta del concierto, en la que se podía apreciar sus marcados músculos. Reita le sonrió y le incitó a que tocara, lamiera, chupara e hiciera suyo aquél territorio. Seguidamente, el rubio no desaprovechó la oportunidad para fundirse con el moreno en un beso intenso, en el que el rubio acabó por morderle suavemente la comisura de los labios. Ese beso sabía más que nunca a alcohol.
Teru acabó por quitarle el pantalón y los bóxers. Comenzó a lamer la punta y a masturbar la base de la erección de su acompañante con la mano, lentamente, apretando de vez en cuando, ganándose reproches del rubio.
Entonces le tocó de nuevo al moreno. Reita volvió a posicionarse sobre él. Pero al ver que había poco espacio en el sofá, se lo llevó en brazos hasta su habitación, que no tenía comparación con el resto del piso.
Lo posó encima de las sábanas blancas que aún olían a fresco, pero poco les importó. Reita le lamió el ano varias veces antes de hacerle introducirse él mismo dos dedos. Reita veía la escena desde el final de la cama. Se relamía de vez en cuando, haciendo aumentar el ritmo al moreno y haciéndole a la vez sonrojarse más. Una vez el rubio creyó que fue suficiente, se acercó como un tigre a Teru, se posicionó encima suya, apoyando las manos a los lados de la cabeza del menor. Éste se abrazó a su espalda, preparado para lo que iba a venir. Reita metió el glande de golpe. El moreno gemía de dolor. Nunca había hecho eso con un hombre, pero estaba claro que no tenía ni idea de que doliera tanto. Para apaciguar el dolor, Reita le lamía la oreja y le susurraba cosas, consiguiendo tranquilizarle un poco.
—Eres hermosamente estrecho... Mmm... —los dos comenzaban a sudar por el caldeado ambiente.
Reita se atrevió a seguir introduciendo su miembro cuando Teru se relajaba por completo. Entonces ya no pudo parar. Arremetió contra el cuerpo de su ahora amante sin descanso, acariciándole a la vez todo el cuerpo.
El moreno llevó una de sus manos a su erección para ir masturbándose al mismo ritmo que las embestidas, llegando así al clímax, corriéndose en su vientre. Teru estaba exhausto, pero al rubio eso no le bastaba. Levantó su cadera y siguió penetrándole casi en vertical hasta que acabó dentro del moreno.
Ahora ambos respiraban agitadamente. Se tumbaron en la cama, mirándose con cansancio.
—Mañana no te veré más, ¿verdad? —preguntó casi afirmando. Los ojos de Teru se comenzaron a llenar de lágrimas. El solo saber que el que le había devuelto la emoción de la vida le iba a abandonar esa misma mañana le hacía sentirse vacío de nuevo.
—¿No quieres verme más? —esta vez el rubio fue el que preguntó, pero con semblante feliz.
—Claro que... quiero...
—No te voy a dejar solo... —se fundieron en un abrazo, y así se quedaron dormidos.
Amaneció, y los molestos rayos de luz penetraron por la ventana para clavarse en la cara del moreno. Éste abrió los ojos con miedo. No quería pensar que todo lo de anoche fue un sueño.
Pero no fue así.
Se volteó hacia el otro lado de la cama, encontrándose con la cara del rubio. No tenía puesta la bandana que siempre llevaba en la nariz como la llevaba esa noche.
Aún así... era el hombre más bello que jamás había conocido.
Unos años después, Teru se daría cuenta de que Reita jamás iba a abandonarlo a su suerte.
—Abrázame... —le susurró el rubio sutilmente en el oído. Teru sonrió. Esa mañana era la mañana más feliz que había tenido en muchos años.





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